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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 586

NYX

Si no lo hubiese visto actuar cálido con ella, este hombre rivalizaba con mi hermano Laziel.

Antes de seguirlo, reparé en que esa magia de invierno volvió a cubrirla sobre la cama, como una manta protectora.

La cabeza del lobo azulado se quedó mirándome por unos segundos antes de brillar intensamente y cambiar a esa forma de cubierta.

Mi mano picó por tocarlo, algo me llamaba a acariciar su cabeza de hielo.

Al final, me incorporé tras la espalda ancha del dueño del castillo.

Las puertas se cerraron a mi espalda, controladas por él como todo en este sitio.

Caminó hacia una mesita con algunos licores, parece que pasaba mucho tiempo en la habitación.

Mirando su cabello platinado, comencé a ponerme nerviosa, ¿de verdad me ayudaría?

—Mi nombre es Nyx Von Carstein, pertenezco al reino del Rey Lycan. Llegué aquí por acciden…

—No me interesa quién seas, ni tu nombre, o de dónde vengas —se giró de repente y cortó mis palabras.

—En el momento en que trames algo contra mi mate, que sepas que no saldrás de este castillo…

—Y yo creo que usted está muy equivocado —mi aura se endureció, fluctuando a mi alrededor.

Ya bastaba de aguantarle sus groserías.

—. No sé si le di la impresión de ser una debilucha a la cual intimidar.

Sus ojos destellaron peligrosos y los míos más.

En estos momentos, con las heridas internas, estaba en desventaja, pero solo necesitaba ganar tiempo.

Él era poderoso… y yo también.

—Ayudo a su hembra más por compasión que por otra cosa. Con ustedes o sin ustedes, encontraré un camino a mi casa.

—No estés tan segura de eso —dio un paso adelante.

Su cuerpo comenzó a desprender ese frío que haría temblar a cualquiera; sin embargo, de nuevo mi corazón vibró con fuerza.

Mi magia comenzó a revolverse ansiosa y a salir de mis poros buscando ese brillo helado.

No pude detenerla, pero al tocar la del príncipe Aidan, él frunció el ceño y dio un paso atrás, separando nuestras energías.

Se veía contrariado; aun así, volvió a endurecer su expresión.

—Te quedarás en una habitación a su lado, la ayudarás en todo lo necesario y cuando se recupere… puede que te ayude a regresar.

Las lámparas y adornos en plata, las paredes parecían hechas del mismo hielo, todo aquí estaba impregnado con su magia.

La alfombra burdeos bajo mis botines me llevó a la habitación contigua a la de Isabella.

—Es aquí —la chica me hizo pasar a la estancia, un poco más sencilla, pero tampoco estaba mal.

La enorme cama de caoba con doseles era la pieza principal.

—Traeremos algunos vestidos y le prepararemos el baño —asentí con soltura. La verdad, esto me recordaba mucho a mi casa.

Si no fuese por un pequeño e importante detalle…

—El príncipe le ordenó que esté lista antes de las siete, para que asista a la princesa Isabella. No puede llegar tarde —me dijo antes de marcharse para buscar el agua.

Seguía hablándome como si fuese otra sirvienta más.

Algo me decía que este trato duraría más bien poco si ese helado de vainilla no cooperaba.

—Isabella, controla a tu chucho —murmuré yendo al baño y de verdad que lo necesitaba porque de magia limpiadora no se podía vivir.

Esa noche, me preparé como me indicaron y fui de nuevo de polizón dentro del cuerpo de la princesa, solo que las cosas no salieron ni remotamente bien.

Ese hombre… era insufriblemente… atractivo.

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