NYX
Me limpié las lágrimas, sintiéndome algo perdida.
Incluso miré alrededor del cuarto, entre las esquinas oscuras, buscando a su dueño.
—¿Tú…? —cuando giré la cabeza de nuevo para mirarlo, lo tenía cerca, observando mi rostro.
Miré a las profundidades de esos orbes helados y mi alma mágica vibró en sintonía.
Su nariz fría se pasó con lentitud por mis mejillas húmedas, lamiéndome.
Me parecía demasiado increíble la consciencia de esta magia, su propio carácter y autonomía, un lobo de hielo.
Cerré los ojos dejándome llevar, subí mi mano para acariciar su lomo que imitaba las finas hebras de pelaje como escarcha.
—Mmmm —gemí de placer al sentir mi energía escapando en contra de mi voluntad, mezclándose con ese invierno, el olor a pinos y montañas nevadas inundando mi mente.
Demasiado delicioso, adictivo, demasiado… peligroso.
—¡No! —desperté de golpe, retrocediendo en el colchón.
Alejándome de su influencia, sintiéndome como una traidora.
¿Qué estaba haciendo con el poder de ese macho, por la Diosa?
Tuve miedo de ir más allá, de descubrir algo que me haría mucho daño.
Un aullido sordo se articuló en su boca, se acercaba de nuevo a mí, acorralándome contra las almohadas.
Era enorme, ocupaba casi todo el espacio y yo me sentía tan pequeña a su lado.
—No lo hagas… no sé qué pretendes, pero por favor márchate —le pedí, suplicando cuando lo tuve de nuevo a solo centímetros.
Se quedó mirándome, su morro bajo, y la lengua se pasó con suavidad por mis pies.
Luchaba de nuevo por controlarme, deseaba tanto tocarlo.
—Vete con Isabella… ella es tu compañera, no sé por qué me estás probando, ¿Aidan te envió?
Le pregunté sin esperar una respuesta, pero para mi completa sorpresa, subió la cabeza y negó con mucha seriedad.
A pesar de la situación tensa, entre las cosquillas en mis pies y ese gesto tan lindo, casi sonrío… casi… pero esta situación no era una broma.
Claro. ¿Por qué el príncipe lo enviaría?
—Entonces, gracias por acompañarme. Ya estoy bien, puedes irte —recogí aún más mis piernas, doblando las rodillas y pegándolas a mi pecho.
Después de lo que pareció una eternidad y con expresión de tristeza, se bajó de la cama.
Caminaba lentamente hacia la puerta entreabierta del balcón, con la cola abajo y actitud lastimera.
Me faltó nada para pedirle que regresara, incluso se giró al último momento para mirarme.
—No me vas a convencer… quiero estar sola —le dije en un susurro, y con un suspiro de alivio lo vi salir a la terraza.
Su cuerpo fluctuó, cambiando a una niebla fría que se fundió con la oscuridad de la noche.
Me llevé la mano al pecho, mi corazón latía sin control.
Jamás me había sentido así, todo alrededor de Aidan me inquietaba, no me podía controlar con ese macho y los sentimientos de culpa inundaban mi interior.
—Debo irme de aquí… buscar una excusa, no puedo quedarme a su lado… —murmuré, tomando una decisión.
Toda la noche me la pasé dando vueltas, pensando en lo que Katherine me había dicho.
Según entendí, debo encontrar algo llamado El Corazón de la Bestia y derramar mi sangre sobre eso.
Ya que alguien cercano a Lyra puede rastrearlo y nuestra sangre está vinculada porque somos hermanas.
¿Lyra habrá encontrado a su compañero?
Pensaba todo tipo de hipótesis en mi mente. Al menos ella había sido llevada a casa.
Parece que esa fue la magia que la destruyó. Entonces, ¿para qué mi familia necesitaba eso?
Sentía que me faltaban muchas piezas, es más… tenía el presentimiento de que la propia Isabella no me estaba diciendo todo lo que sabía.
“Como sea, no me puedo quedar encerrada para siempre aquí. Aidan puede abrir portales, pero es obvio que no lo hará por mí”
Le dije, y algo de amargura apretó mi corazón, pero me obligué a eliminar esos sentimientos confusos.
“Entiendo, buscaremos una manera. Necesito que me prestes tu magia, voy a contactar con mi hermana mayor.”
Asentí, siguiendo sus arreglos. ¿De qué nos serviría su hermana? No tenía idea, pero Isabella tejía sus planes y de verdad esperaba que me convinieran.
Ambas ocultábamos secretos en nuestros corazones, y todo tenía que ver con una sola persona: Aidan Walker.
*****
—¡No, no! ¡Ella está aquí para ayudarte, no para irse de vacaciones por mi reino! —rugía enojado cuando Isabella le comentó que yo tenía que buscar algo en un tal pantano.
—¡Aidan, ella no es mi esclava, no me debe nada, solo me ayuda! —ella le gritó enojada, y hasta yo estaba aguantándome las ganas de escacharle la cabeza a ese animal.
—¡Si ella se marcha, si no te ayuda, no voy a regresarla a su casa! ¡JAMÁS!
“¡NO NECESITO DE TU MALDITA AYUDA, IMBÉCIL!” —rugí sin aguantarme.
Mi propio espíritu salió de golpe del interior de Isabella, sintiéndome tan enojada.
“¡Me tienes harta con tu actitud de machito prepotente!” —la silueta de mi sombra flotó frente a Aidan, señalándolo con un dedo y la otra mano en la cintura.
“¡Me le bajas dos rayas a tus formas altaneras de hablarme, tú serás muy principito de la escarcha, pero yo soy una maldita Selenia! ¿¡Entiendes!?”
Nuestras voluntades enfrentadas, su magia salió a presionarme y la mía también estalló.
Solo que cuando se encontraron, en vez de sacar chispas de manera violenta, se enredaron y buscaron fusionarse.
Oscuridad con luz de hielo. Una Selenia con un Lobo de Invierno.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...