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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 595

NYX

“Me he perdido, no puede ser que quedara tan lejos… ¿Isabella me dio bien las indicaciones?”

Hablaba conmigo misma… o sea, en medio del bosque profundo y, por mucho que volaba a todos lados… ni un asentamiento de gallinas encontré, menos de hombres lobo.

—Uf, aún no estoy al cien —murmuré cuando mis botines tocaron la hierba y me masajeé un poco los músculos de los hombros y el cuello.

Las alas desaparecieron con un toque de magia.

—Creo que descansaré aquí —miré a mi alrededor; era un pequeño espacio despejado entre robustos árboles.

Expandí mis sentidos y no encontré nada peligroso cerca. El sol se perdía en el horizonte y ya casi tenía la noche sobre mi cabeza.

“Ggrrr” De repente las tripas me sonaron.

—Si llego a saber que pasaría todo el día perdiendo energía, hubiese traído algo de comer.

Torcí la boca, pensando en si yo era mala con las instrucciones o Isabella pésima para dar direcciones.

Me pasé las últimas horas de luz buscando algunas frutas comestibles y cacé una liebre, cosa fácil para mí.

Con las llamas resplandeciendo en mi rostro, me comí el asado, pensando en dejar un hechizo y echarme a dormir un rato.

Así mismo lo hice.

Puse un escudo simple y, sobre la hierba, creé una manta oscura que me daba calor.

El fuego de la fogata resplandecía cerca de mi cuerpo, que enseguida entró en reposo.

La verdad fui bastante confiada, no creí que pasaría la gran cosa en medio de la nada.

Pero entre la somnolencia, comencé a sentir sensaciones raras.

Alguien me tocaba… al inicio parecían caricias furtivas, casi inexpertas, pero luego ganaron más seguridad.

—Mmm —me retorcí al sentir las dos manos grandes apretando suavemente mis pechos.

Lamidas frías bajaban por mi cuello, finos labios chupaban y besaban, una respiración agitada abanicaba sobre mi piel.

Estaba confundida, mi mente nublada, metida en algún sueño… supongo.

—Ssshh… —me arqueé cuando deliciosas chupadas succionaron mis senos por encima del vestido.

Apretaban y manoseaban mis caderas, un cuerpo pesado se restregaba sobre el mío y la dura erección se meneaba contra mi muslo.

Entre mis piernas se colaba insistente una rodilla y, por la Diosa, me estaba calentando demasiado.

Abrí las piernas, presa del deseo, sofocada en el calor y el frío.

Gemía cachonda por los gruñidos lascivos contra mis pechos, devorándome bien rico los pezones a punto de rasgar la tela.

Mis manos fueron a abrazar esa espalda ancha, enredé mis dedos en los suaves cabellos cortos.

Él se metió entre mis piernas, acostado por completo sobre mí.

—Sshh Aidan… —gemí su nombre en mis sueños sin poder evitarlo, sintiendo una lengua colarse a devorar la mía.

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