NYX
—Sí, definitivamente es descendencia de Ignacio, por eso no nos ataca. Ellos respetan aún la línea de sangre de Aidan —Amber miró a los ojos de la hembra.
—No sé qué está pasando en la Montaña de los Drakmor, parece… que es complicado —agregó suspirando.
Una Drakmor aquí dando a luz a una de las herederas, y esa otra bestia que asesinaron, parecía buscar algo.
—La están buscando a ella para ejecutarla, es evidente que hay disputas entre las hembras Drakmor —Vincent hizo el resumen.
Nyx solo miró a la montaña de escamas negras, ella no podía hacer mucho más para protegerla.
—Bueno, ya te estás mejorando, escóndete bien, no ataques a ningún hombre lobo y cuida a la bebé —Nyx comenzó a darle instrucciones como si fuese la anciana de la familia.
Amber y Vincent la miraban con ojos divertidos.
Cuando salieron de la cueva, a Nyx le extrañó sus expresiones de risa.
—¿Qué sucede? — preguntó extrañada, siguiéndolos por el bosque.
—¿De verdad crees que se va a quedar ahí sin más? —Amber le dijo olfateando en el aire—. Ajá, ya te están siguiendo.
Nyx se quedó un poco rígida, avanzando con más lentitud y sintiendo que efectivamente la enorme criatura cargaba a la cachorra en la boca y la seguía “con cautela”.
—¿Por qué hace eso? —se inclinó para susurrar.
—Ellos son así, muy ariscos y hasta crueles, pero también son muy agradecidos y leales. Te debe su vida y la de su hija, ya te hicieron parte de su manada —Vincent le explicó, dejándola anonadada.
¿Qué tipo de situación loca era esta?
— Bueno, déjala que haga lo que quiera, mientras no cause problemas —Nyx al final subió los hombros sin darle más vueltas al asunto.
Sin imaginar que había obtenido la clave para controlar la furia de los Drakmor en el futuro y evitar una guerra feroz.
—Iremos primero a la Manada de Invierno, ¿sí? —Amber le tomó la mano y le explicó.
—. Así te cambias y descansas, además conoces a otros hombres de invierno como mi hermano.
Amber miró a los ojos claros de la Selenia mientras asentía.
Suspiró en su corazón con una mezcla de tristeza y alivio.
Ellos harían su parte, solo esperaba que Aidan pudiese aprovechar el esfuerzo de todos… principalmente, el que estaba haciendo Isabella en sus últimos momentos.
*****
Aidan se paró en la torre de su castillo, aun mirando hacia el pasillo oscuro.
Había discutido de nuevo con Bella. Se empeñó en que fuera a la manada de Hombres de Invierno.
Su Druida, Aron, lo había convocado después de muchos años para una ceremonia del Clan.
Aidan normalmente se pasaba siempre todo eso por la rabadilla, pero esta vez, Isabella se había encaprichado en que apoyara a su gente.
No quería dejarla sola y menos con Lisa.
Temía las cosas que pudiese meterle en la mente a Bella, pero no hubo forma de convencerla.
La hechicera le gritó como histérica, que la tenía asfixiada, que deseaba estar sola y sin su mirada de lástima todo el tiempo.
Aidan suspiró pellizcándose el puente de la nariz.
Estaba agotado y hundido.
Llevaba un vestido ajustado en su estrecha cintura, las curvas seductoras de los senos salían por encima del escote cuadrado.
El vestido rojo cereza atrevido que contrastaba con su blanca piel y el cabello tan negro.
Aplaudía sonriendo por las parejas bailando en medio de la plaza; principalmente hermosas pelirrojas con hombres de cabellos blancos.
Centurias con Hombres de Invierno; la unión perfecta de hielo y fuego.
Pero nada era más hermoso que Nyx, que el brillo en sus ojos y esos labios deliciosos que, muy a su pesar, moría por besar y esta vez sin ninguna ilusión de por medio.
Aidan dio un paso adelante, como si una cuerda invisible lo halara hacia ella, a punto de caer, pero algo lo hizo detenerse.
Un lobo poderoso, con el pelo platinado trenzado hacia atrás, se acercó a su Selenia.
Era Phillips, el Alfa actual de la manada y, además de guapo… estaba soltero.
— Maldita sea Amber – Aidan rechinó los dientes al ver a su hermana empujar a Nyx a los brazos del macho para que la sacase a bailar.
Algo peligroso se movió en su pecho al descubrir las manos masculinas cerrándose sobre el cuerpo de Nyx.
Aidan dio un paso adelante, guardando las alas y cayendo de golpe desde las alturas sobre el suelo.
La capa de polvo se elevó bajo sus botas.
Los caninos se alargaban en sus encías y un rugido celoso luchaba por salir de su garganta.
Comenzó a avanzar hacia la plaza con el aura tan afilada como un cuchillo.
Esta fiesta estaba a punto de terminar con un Alfa manco y una Selenia dejando el bando de las vírgenes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...