NYX
—Mmm —gemí ardiendo en llamas, mi labio inferior chupado y capturado entre sus dientes, dando suaves tironcitos sensuales.
Gruñidos salvajes escapaban de su garganta.
Las manos bajo mis nalgas me apretaban y pegaban más a ese falo duro que se frotaba lujurioso entre mis piernas abiertas.
—Aidan… —suspiré, mirando entre mis pestañas temblorosas esos ojos azules hipnotizantes.
Me aferraba a su cuello, acariciando el cabello de su nuca, dejándome enloquecer por ese macho tan sexy.
—Sshh —subí la cabeza, cerrando los ojos al sentir las succiones en mis senos por encima de la tela.
Jamás había experimentado estas sensaciones tan calientes.
Me tenía arrinconada contra el árbol, dominándome, devorándome.
—Aamnn —me obligué a no gritar cuando rasgó la tela con afilados caninos y sentí la brisa azotando mi piel desnuda.
—Gggrr… mmnn, nena, eres perfecta… shhh, me encantan tus senos… ah, joder, qué suavecitas… mmnnn…
Su lengua comenzó a dar lamidas alrededor de toda mi aureola, jugaba con el duro pico moviéndolo en círculos.
Arqueé mi espalda, gimiendo en silencio cuando su boca caliente se cerró y esos labios pecaminosos comenzaron a chuparme con sonidos indecentes.
Me devoraba tan rico, sus feromonas enloquecían mis sentidos, la polla dura se movía cada vez con más lascivia contra mi braga, escurriendo jugos.
De repente, su mano se metió bajo mi braga y dedos pervertidos fueron a acariciar mi coño mojado.
—Aahh —me relamí con expectativas.
Las yemas se movieron desde mi culo para sumergirse entre mis pétalos resbalosos.
—Mmm, qué mojadita estás… sshhhh… —me puse más roja que un tomate cuando gimió ronco, levantando la cabeza y mirándome, pegando la punta de su nariz a la mía.
—Yo… yo no…
—¿No te gusta que te toque, pequeña Selenia?... Entonces ¿por qué tu dulce concha está así de caliente…?
Me quedé prendida de la sonrisa pícara que apareció en la esquina de su boca.
Sabía que jugaba conmigo, no era rival para su experiencia en estos asuntos.
Abrí la boca y la cerré, frunciendo el ceño y pensando en algo coherente.
Aidan solo le rió un poco más a mis aprietos. Suaves y ricos piquitos cayeron sobre mis labios…
Abajo, esos dedos jugaban lentamente, adelante y atrás, tocando ese botoncito vibrante y sensible que hacía mi vagina temblar.
—Te juro, bebé, me estás volviendo loco… Nyx… sshhh, morimos por lamer ese jugoso coñito virgen tuyo…
Diosa bendita, no seas así conmigo, Aidan… ¡estoy nerviosa!
—No… no solo me gustas… —me atreví a responder, tragando en seco— …gustar no describe lo que siento cuando estoy contigo, Aidan…
Confesé con el corazón latiéndome tan fuerte que me temía que lo escucharía.
Vi sus pupilas estrecharse, oscurecerse, cargadas de promesas prohibidas.
Su boca fue a fundirse con la mía en un beso dominante. Sin palabras, su cuerpo me gritaba que me correspondía, que me deseaba y anhelaba de la misma manera.
Su magia, enredada con la mía, nieve dorada llovía del cielo sobre este acto pecaminoso y tan delicioso.
Respirando como una bestia contra su feminidad, besando su coño como besaba su boca, bajé mi mano, desesperado, hacia mi bragueta.
Con tirones bruscos liberé mi polla, que dolía de lo tiesa que la tenía.
Hace mucho que no me sentía así.
Gruñendo, comencé a tocármela, ansioso por venirme también, olfateando profundamente esa mermelada de fresas.
Su cuerpo completo sabía a todo lo que me encantaba, ella era mi postre favorito.
—Aahh sí, sí, nena, mmmnnnnn… —gemía entre sus piernas, acelerando mi mano, imaginando que esa vagina estrecha era la que me estaba llevando a la cima.
Resistiendo como un demente para no tomarla contra ese árbol.
Pero pajeándome como un pervertido contra ella, con los ojos cerrados, de rodillas frente a esta increíble mujer, Nyx continuó empujando mis límites más y más…
—No lo hagas solo… —un suave tirón en mi cabeza me hizo reaccionar.
—Espera… sshhh, nena, solo… ahhh, necesito un poco más… —mi mano se movía rudamente, trabajando mi falo.
—Yo quiero hacerlo…
—¿Qué? —miré hacia arriba, entre excitado y confundido.
—Yo quiero probarte también… —me dijo con las mejillas en rojo, pero su lengua rosadita salió a lamer esos gruesos labios que, de solo imaginarlos sobre mi miembro, casi me hacen derramarme.
Maldita sea, Nyx, estoy tratando de ser un caballero contigo… mujer, no juegues así con la bestia o esa mermelada de fresas puede terminar como un batido de fresas con leche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...