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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 610

AIDAN

—Nyx… no tienes que hacer… sshh… suave, nena… —siseé con una mezcla de doloroso placer cuando esos caninos pasaron por el sensible glande.

La suave lengua le daba lamiditas a la punta mientras esos calientes labios se cerraban y comenzaban a sorber.

“Ggrrr no la detengas… quiero verla mamarme de rodillas…”

Mi lobo Alfa estaba con la lengua afuera, sacando todos sus atributos en mi cuerpo para mostrarse frente a la hembra que había elegido como su nueva mate.

—Mírame mientras me la chupas —enredé mis manos en su cabello negro y sedoso, dándole un suave tirón para que esos ojos hermosos subieran hasta los míos.

Maldita sea, verla sumisa, sonrojada y con la boca muy ocupada por mi pene, hizo que escalofríos de placer recorrieran mi columna.

Comencé a menearme dentro de esa húmeda cavidad, a marcar el ritmo, viendo mi miembro entrar y salir lleno de saliva.

—Ssshhh… — relamí mis caninos, ondeando mis caderas, encorvado, sudando sobre ella, luchando por no metérsela hasta el fondo.

—Tócame en la base, manoséame la polla, nena… grrrr… así, ah joder, qué rico, bebé… más rápido, Nyx, más, mi vida… Mmnnn…

Enloquecí martillando solo hasta la mitad, sintiendo su respiración pesada sobre las venas que latían abultadas.

Sus ojos luceros nunca dejaron de mirarme, cada una de mis expresiones, devorándome.

El aroma a fresas de su coño subía hasta mi nariz, llevándome a las malditas alturas.

— Mmnn… ¿Qué dirían en tu casa si te vieran así, de rodillas, comiéndome el nabo…? Aahh joder, bebé, era broma… mmmn…

Sus succiones se volvieron demoledoras, sus dientes pasaban peligrosos por mi verga, adentro y afuera, chupadas mojadas, sus dedos inexpertos apretando mis testículos.

Maldita sea con esta virgencita.

—Grrrrr, me vengo, Nyx… Mnnn…

Eyaculé tan delicioso en su garganta, sosteniendo su barbilla, acariciando sus labios y metiendo mi falo hasta lo profundo.

Mis músculos tensos, maldición, sshhh… tan bueno que me tuvo a punto de aullarle a la luna.

Había olvidado lo que era sentir esta pasión que te dejaba la mente en blanco.

Mi alma mágica vibraba en sintonía con la suya, podía recorrer cada vena latiendo en ese hermoso corazón.

Su poder tan increíble, los sentimientos que sentía por mí y Diosa… Nyx me desarmaba de tantas maneras.

Con un sonido obsceno saqué mi miembro de esa boca cremosa, pintando con la punta sobre sus labios rojos.

La vi tragarlo todo, jadeando pesado, relamiéndose con esa expresión tan puta que me estaba poniendo duro de nuevo.

Saber que solo yo la había visto así encendía la veta posesiva de mi lobo.

Theo estaba en el séptimo cielo, metido por completo dentro del cuerpo de Nyx, envolviendo la magia Selenia obsesivamente.

Subí el pantalón que andaba por mis rodillas y me cubrí un poco, inclinándome para cargarla.

Adoraba cómo se sentía su pequeño cuerpo semidesnudo sobre el mío, su piel sudada contra mi piel.

La besaba, bromeaba y nos reíamos; le robamos tiempo a la noche.

—Ven, saca esa hermosa loba, que Vlad quiere correr contigo —le dije colocándola sobre la hierba de un claro.

Cada vez nos alejábamos más de la civilización de los hombres de invierno.

—Él… ¿no está incómodo con esto? —me preguntó de repente.

—¿Por qué no se lo preguntas tú misma? —le dije, dando unos pasos atrás y desnudándome por completo frente a su mirada hambrienta.

Mostrándole todo, cada cicatriz, tatuaje, cada músculo y mi deseo por ella que volvía a estar en las alturas.

Convoqué el cambio a mi lobo Alfa.

Caí al suelo, sintiendo las garras clavándose en la tierra, los rayos de luna destellando sobre el pelaje blanco.

Pupilas rojas sustituyeron las mías azules, pero ambos la mirábamos llenos de dominación… y amor.

Nyx se quedó de pie, rígida, podíamos sentir su nerviosismo.

Mi propia magia era una espía dentro de su cuerpo; se había abierto sin reservas a Theo y su entrega solo nos cautivaba aún más.

Vlad dio un paso adelante y otro, su enorme tamaño en cuatro patas llegaba perfectamente a esa carita delicada y seductora.

—Vlad… — Nyx pronunció su nombre con voz ronca, haciendo estremecer a mi Alfa desde las orejas hasta la cola.

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