NYX
Resulta que podías vincularte a estos animales tan fieros, pero a la vez astutos, con su propia sabiduría.
—No tienes que hacer eso por agradecimiento… —le dije suspirando, pero ella seguía rugiéndole a Aidan.
—¿De veras puedes saber lo que dice?
—Sí —me dijo, sonriendo de medio lado—. Porque yo hice un pacto con su Alfa y puedo escuchar lo que hablan todos los Drakmor bajo su dominio.
—Ooohh, impresionante, príncipe —le dije burlándome un poco para alejar las preocupaciones.
—Esto es un regalo, Nyx. No lo hacen con cualquiera. Es raza que rechaza a los extraños… nunca había visto otro vínculo así. Solo el mío y el de Ignacio.
Me lo dijo con melancolía.
No entré en el detalle de que parece que Isabella tampoco tuvo esa unión con la antigua mate del Alfa.
—Ni siquiera soy de tu continente, pero si tanto lo deseas… está bien, acepto —le dije, acariciando su morro.
No sabía en lo que me metía.
Aidan preparó un enorme círculo de runas donde nos paramos las tres, porque ajá, la cachorra igual entró en esta locura.
Saqué mi magia y activé el encantamiento, abriendo una herida en mi mano y dejándola gotear sobre las marcas en la tierra.
La Drakmor ya sangraba de sus heridas y le hizo un pequeño rasguño a la bebé.
Lazos de sangre subieron envolviéndonos como hilos del destino, rodeándonos; su propia vitalidad se fusionaba con la mía en el aire.
Aidan elevaba la potencia del hechizo y la luna sellaba con sus rayos vibrantes este vínculo que duraría durante generaciones.
Algo se forjó entre nosotras, y cuando las runas se apagaron, sentía la profunda conexión con las dos criaturas paradas frente a mí.
“Mamá, ¿ya la hermana escucha a Carbón?” Abrí mucho los ojos cuando la voz infantil resonó en mi mente.
“Yo creo que sí, cachorra.”
—Ustedes… ¡oh por la Diosa, qué loco es esto!… —aunque Aidan me lo había avisado, se sentía irreal.
“Moría por decirte esto, pequeña hechicera Nyx…” la voz melodiosa me habló.
“Gracias… muchas gracias. Jamás podré pagarte lo que hiciste por nosotras. Mataremos por ti y te seguiremos a donde vayas.”
Inclinó la enorme cabeza frente a mí y solo pude extender la mano para tocar las frías escamas.
¡Fue increíble! ¿Así se sentía Lyra cuando Aztoria le hablaba?
“¡Hermana, acaricia también la cresta de Carbón!” La vocecita infantil me hacía sonreír mientras se paraba frente a mí con expectativas.
La cargué, dándome ternura esta cosita fea, llena de ojos y dientes afilados.
“¿Por qué te llamas Carbón?” le pregunté con curiosidad.
“Cuando nació dijiste: «aquí tienes a la pequeña Carbón», y le puse así.”
Torcí la boca ante el comentario de la hembra.
O sea, le dije “Carbón” porque era una bolita negra con escamas oscuras, pero no imaginé que la pobre se quedara con ese apodo.
“Mejor le llamamos… Klara, ¿te parece?” Chilló feliz mi pequeña carboncito.
A la madre Drakmor le puse Sachar, porque tampoco tenía nombre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...