NARRADORA
Algo maligno se movía en la montaña de los Drakmor, contaminando sus mentes y nublándoles los sentidos.
Sobre todo el Alfa. Herido en su alma, sin poder sobreponerse al asesinato de su mate y ahora de su hijo.
Ignacio vagaba por el bosque, las pisadas hacían estremecer la tierra bajo su cuerpo gigantesco que sobresalía por encima de muchos árboles.
Había permanecido en su territorio durante estos años, pero desde que la desterró y la vio marcharse, el vínculo entre ambos lo llevaba más y más lejos de sus dominios.
Su segunda hembra destinada había aparecido en su vida.
Supo que huyó hacia el continente de los hombres lobos, y aquí estaba él, vigilando la entrada a la caverna que comunicaba los reinos.
Indeciso sobre si ir a buscarla.
No creía en el fondo que ella hubiese asesinado a su hijo… Ignacio ya no estaba seguro de nada.
Y cuando las pupilas rojas se cerraron sobre la aparición en el claro frente a la cueva, su mente terminó por confundirse en la trampa de hechizos.
Una enorme Drakmor caminaba veloz, las escamas negras brillaban bajo la luz de la luna.
Ignacio se quedó rígido, saliendo de entre los arbustos donde intentaba ocultarse.
Era su pareja original, la Drakmor que él asesinó bajo sus propias fauces.
Gruñó bajo llamándola, dando pasos hacia ella, pero lo miró un segundo para luego sumergirse en las sombras de la caverna.
El Drakmor Alfa se quedó estático, dudando un instante.
Su mente racional le decía que esto era imposible, pero la magia de ilusión soplaba en el aire.
Si fuese el Ignacio de antes, el que se crio con los hombres de invierno y poder ancestral, no hubiese caído en este truco barato.
Pero entre la energía corrupta que habitaba en su montaña y los engaños de los hechiceros, se confundió por completo.
Corrió a perseguir a su antigua mate que llevaba años de haber muerto.
Se sumergió a través del laberinto de cavernas y pasajes de piedras, haciendo eco y retumbando en las paredes hasta que salió del otro lado.
Aplastó la maleza, en una de las tantas islas cenagosas del pantano, pero al llegar a un sitio despejado del bosque encontró más mentiras.
Dos hombres “atacaban” a su hembra, que perdía la batalla, herida bajo sus fauces.
Con un rugido feroz, Ignacio se abalanzó hacia ellos, a la raza que juró proteger.
Sus dientes enormes desgarraron la nada, las sombras se disiparon en el aire, pero para él, fueron muy reales.
¡BAM!
Un sonido sordo lo hizo reaccionar y, cuando miró hacia atrás, fue como si reviviera de nuevo sus peores pesadillas.
Ahí estaba ella, su mate, pero no la que había perseguido a través de la cueva, sino solo huesos, un cadáver del cual no quedaba nada.
Había sido profanada, movida por magia oscura, un cebo disfrazado de ilusión para atraerlo y confundirlo.
Y lo lograron.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...