NARRADORA
Sombras ágiles se escabullían en el interior de la montaña de los Drakmor, que habían dejado sin vigilar su hogar para atender el llamado de Ignacio.
Siguiendo el rastro de energía poderosa que hacía vibrar sus corazones animales, los leones encontraron sumergido en un pozo profundo de aguas negras, el fragmento del Corazón de la Bestia.
—¡Tiren del hielo, de prisa! —el propio rey había ido en esa peligrosa tarea.
Nerviosos, vigilaban que los Drakmors no regresaran o las hembras que cuidaban a sus crías no se dieran cuenta de que la parte trasera de la montaña estaba siendo socavada por intrusos.
Los ojos oscuros de Héctor, el actual monarca de los leones, brillaban emocionados.
Al fin pudo encontrar algo para fortalecer su raza.
A Edmund no le había costado mucho ponerlo de su lado.
Héctor odiaba profundamente al príncipe de los hombres lobos, Aidan Walker, el supuesto mejor amigo de la reina leona Zeraphina.
Zera, su pareja, su amada reina, que había estado todos estos años fiel a su lado, pero Héctor lo sabía muy bien.
En el fondo, ella nunca pudo olvidar su primer amor con ese hombre de invierno.
Él la rechazó como pareja y aun así Zeraphina guardaba profundos sentimientos por Aidan.
Rechinó los dientes con los celos retorciéndose en su corazón.
El enorme trozo de hielo fue extraído; la energía corrupta se movía como una sombra oscura bajo la capa translúcida.
Lo sacaron de la montaña en silencio, robándolo de las tierras de los Drakmor y llevándolo al clan de los leones.
El Rey Hechicero le dijo que compartirían este poder si lo ayudaba a enfrentar y derrocar al Rey Alfa Cedrick y sus Centurias.
Héctor sabía que Edmund tenía sus planes ocultos y ambiciones, pero él solo deseaba una cosa: ver la caída y la muerte de Aidan Walker y toda su familia.
Solo que jamás imaginó que, mientras tramaban en secreto sus planes, la propia reina Zeraphina los había espiado y escuchado en el salón de reuniones.
En algo tenía mucha razón: la reina leona jamás se pondría de su lado y en contra de Aidan.
Cuando llegase el momento de elegir, Zera arruinaría todos sus planes.
*****
Regresando al momento del enfrentamiento entre Aidan y el Alfa Drakmor, las cosas se ponían peligrosas.
¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
Los ataques enloquecidos se estrellaban en el escudo de hielo que controlaba el príncipe de invierno.
A su alrededor, lobos enormes y fieros luchaban contra la avanzada de animales rabiosos.
El líder de la manada del pantano rugía moviendo a sus guerreros, pero por muy fuertes e impetuosos que fueran, no podrían detener a todas esas bestias.
Las aguas tranquilas comenzaron a vibrar, a moverse, como si sombras salieran de las profundidades de la ciénaga.
De repente, la lucha se puso en pausa y el aire se volvió peligroso, opresivo y… selénico.
Aidan la miró fascinado, se había convertido en algo extraordinario y a la vez… hermosamente escalofriante.
«Sel'varya lumeth… naevorin uthrael… ¡KORAI’RHA! ELYNTHA MIR VORA’LUNAE!»
Nyx exclamó con voz gutural, sacando los colmillos enormes y exclamando a los cielos.
Sus uñas afiladas y duras invocaban a la Diosa en las alturas y creaban un caos de tormentas que vibraban a su alrededor.
Dando vueltas y vueltas como un torbellino que la engullía en el centro.
Revoloteo de alas y graznidos de cuervos se escuchaban desde el interior.
Los ojos rojos de los Drakmor presenciaron la bandada de cuervos dorados que se precipitó desde la nube oscura sobre sus cabezas.
Los picos y garras, como el más duro acero, la energía electrificante de la Selenia, se colaban por sus escamas, destrozando la armadura en cada ataque.
Los hombres lobos saltaron lejos de los ataques.
No iban dirigidos a ellos, pero igual estaban asustados de tanto poder.
“¡AIDAN, AHORA!” el llamado de su mate le estremeció la mente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...