Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 723

VICTORIA

Lo supe enseguida, si no me andaba con pie de plomo sería incriminada por la muerte de la doncella.

—Hola, Sr. Fenir, vine a devolverle a Celia una prenda que me prestó anoche —le dije sacando mi mejor sonrisa falsa.

—Pero no está y tampoco su doncella, me encontré la puerta abierta… qué descuido —dije lo más alto que pude e incluso abrí más la entrada.

—¿Y tiene la costumbre de entrar en las habitaciones sin el dueño presente? —alzó una ceja con una mueca de desprecio.

En el fondo de sus ojos podía ver el asco que me tenía.

Pero solo el hecho de no manifestarlo abiertamente y fingir tan bien, me decía que debía tener mucho cuidado con este hombre.

—Bueno, el Lord anoche me pidió llevarme bien con Celia. Él la considera su hermana, solo sigo sus órdenes —le respondí saliendo al pasillo.

—Si quiere pasar a revisar, mire, no llevo nada encima —di la vuelta moviendo el vestido.

Acusarme de la muerte de esa chica era absurdo.

No solo no tenía pruebas, sino que me pasé todo el tiempo con Draco, ¿en qué momento la mataría y por qué?

—Veo que es una mujer muy inteligente —me dijo de repente cuando iba a marcharme.

—Astuta como todas las vampiras, envolventes como su raza…

—¿Por qué no habla directamente lo que quiere decirme y ya? —me giré sin fingir tampoco amabilidad.

Nos quedamos mirando por un segundo que pareció una eternidad.

Hasta que él echó a andar a mi lado.

—Si te vas a quedar aquí, es mejor que sepas algunas cosas —habló en un tono prepotente - Sígueme.

Dudé en acompañarlo, pero la curiosidad pudo más.

Este no era un hombre que matara de frente, era una sombra que te apuñalaba por la espalda y desprevenida.

Me encontré siguiéndolo, no mostraría miedo.

Pensé que me llevaría directo a una trampa, pero se internó por algunos pasillos antiguos y abandonados.

El olor a moho subía de la alfombra sucia.

Parte de las paredes estaban destrozadas y algunos cuadros marchitos colgaban de los muros de piedra.

—Estos eran los antiguos gobernantes de este feudo —me señaló un cuadro enorme.

A través de marcas de garras que lo atravesaban, a penas y descubrí a los personajes.

Un hombre hermoso, ya maduro, pero la crueldad estaba grabada en esa mirada rojiza.

La mujer, una rubia sofisticada que abrazaba a tres niñas paradas frente a ellos.

La pintura se cuarteó y alguien la destrozó, dándole un aspecto espeluznante.

—Estas eran las hijas del Lord, como futuras herederas tenían derecho a todo, incluso a escoger a sus “esclavos de sangre”.

Chasqueó la lengua y el rumbo de esta conversación no me iba a gustar para nada.

—¿Qué es un esclavo de sangre? —pregunté sin pensar.

—Mn, qué raro que siendo vampira no lo sepas —me miró con ojos profundos - De hecho, pareces perdida en todo lo de este reino.

Tenía que andarme con cuidado en cada palabra.

—No soy buena con la historia y mi cabeza es olvidadiza… —subí los hombros sin importancia.

— Es un macho que sirve para que ellas se alimenten. Las trillizas tenían la costumbre retorcida de compartir uno esclavo solo para las tres. ¿Sabes cuál fue su favorito?

Tragué sin decir nada y una extraña sonrisa fría apareció en su boca.

En el fondo yo sabía la respuesta.

Mis ojos de nuevo fueron a esas tres chiquillas de unos 13 o 14 años y ya sus rostros sonrientes me parecían abominaciones.

—Los hombres lobos nacimos esclavos, tratados como bestias desde el vientre de nuestras madres —continuó caminando sin darme una respuesta clara.

Quedamos muy pocos vivos y entre ellos la madre de Dracomir, que vio morir a su mate.

Su dolor era insoportable, pero lo peor fue descubrir que estaba preñada.

Sin nadie para protegerla, quedó a merced del general.

Para salvar la vida del cachorro en su vientre… se sometió a él…»

—No te puedes ni imaginar lo degenerado y retorcido que era ese vampiro… ustedes llevan la maldad en la sangre.

Me escupió con odio y empezó a caminar por el laberinto de pasajes.

Yo lo seguía en silencio, con la cabeza envuelta en caos.

Llegamos entonces a una vieja puerta que pateó y entró.

El polvo se arremolinaba por todos lados y pesadas cortinas cubrían en penumbras el cuarto.

De repente abrió las cortinas, dejando entrar la luz y mostrándome la enorme habitación.

Tres camas yacían como piezas principales, entre harapos, de lo que alguna vez fueron ropajes finos.

—Esta es la habitación de las trillizas vampiras —me dijo lo que ya sospechaba.

Aún había perfumes y maquillajes sobre los tocadores cubiertos de suciedad.

—Aquí fue donde tu Lord Dracomir perdió la inocencia de su sangre… y su virginidad.

—¿Por qué… por qué me está diciendo todas estas cosas? —le pregunté con un dolor en el alma que me ahogaba.

—Porque nos ves ahora como unos monstruos, pero aquí las únicas víctimas… siempre fuimos nosotros.

Y no pude decir lo contrario.

No cuando sentí por primera vez que los vampiros ahí afuera, habían cosechado lo que sembraron.

Odio, rencor y calamidad.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación