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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 724

VICTORIA

Él continuó contándome del pasado…

«Dracomir fue atraído desde cachorro a esta habitación.

Cuando se dio cuenta de que no eran juegos inofensivos a cambio de dulces prohibidos para los esclavos, fue decírselo a su madre.

Creyó que ella lo podía proteger.

Aún recuerdo ese día cuando lo encontré llorando y temblando en el pasillo.

Había buscado el rastro de su madre y la encontró en la alcoba del general.

Espió su más oscuro secreto y las cosas retorcidas que hacía por protegerlo.

Se enteró desde pequeño de los sacrificios para sobrevivir dentro de este monstruo de hierro y piedra.

También se calló, ocultó y aguantó las vejaciones como esclavo de sangre.

Hasta que un día, como a los doce años, su madre fue quien lo descubrió a él… en esta misma habitación».

Sus palabras me transportaban a escenarios desgarrantes.

No sé ni cómo Draco me ha podido aceptar siendo una vampira.

Ahora entiendo su pánico cada vez que intentaba alimentarme de él.

—¿Su… su madre… qué le sucedió? —mi voz titubeaba.

—Se salió de control ese día —respondió suspirando.

«Su acuerdo con el general era para proteger a Dracomir y, obviamente, ser violado por las tres hijas de dieciocho años del Lord no era protección.

Perdió la cabeza y fue a defender a su cachorro. A saber lo que encontró aquí.

Se rebeló contra la nobleza e hirió en el rostro a una de ellas.

Se iba a curar, claro que sí. Pero eso fue imperdonable.

El Lord la castigó y su hermano no intervino.

Nos llevaron a todos a la plaza, a Dracomir lo amarraron a uno de los postes y lo obligaron a verlo todo».

—¿Ma… mataron a su madre?

—Sí, pero no de una manera misericordiosa. El Lord quería enseñarnos que, si un vampiro decidía que éramos dignos de ser sus juguetes sexuales… resultaba un honor.

No quería escuchar más, dolía de solo pensarlo, pero no podía escapar de su relato.

—Ella fue violada por todo el regimiento de guerreros, frente a su hijo, frente a todos nosotros… hasta morir desangrada y mirando directo a los ojos de su cachorro.

—No, no… —me llevé la mano a la boca con las lágrimas rodando por mis mejillas.

La imagen de un Dracomir joven, presenciando algo tan cruel… Diosa… me daba tanta rabia y vergüenza de mi propia raza.

—A partir de ese día, nos hicimos cargo de cuidarlo Ágatha y yo. Dracomir ya no era más ese niño vivaz. Se volvió un hombre hermético, hosco, frío… siempre planificando…

—Planificando la rebelión —concluí con sus palabras, y él asintió.

— Tramando cómo escapar de su destino —agregó—, hasta que al fin lo logró.

Cortó de repente la historia, sentía que muchos detalles finales se perdieron.

—¿Cómo lo hicieron si los vampiros eran infinitamente más poderosos?

—Eso no es lo importante aquí. Si te he contado todo esto es para que sepa la verdad que mi hijo nunca le dirá —enfatizó en “mi hijo”.

Entendía que solo quería alejarme.

—Nunca le haría algo así. ¡Yo no soy como esas nobles vampiras!

—Pero vas a perjudicarlo igual o peor…

—¿De qué habla?! —le dije pasando de la tristeza al enojo.

—¡Hábleme claro de una buena vez! ¡¿Por qué me reveló todo esto?!

—Dracomir rechazó la alianza con el otro feudo de los hombres lobos. No aceptó la unión con la heredera… por tu causa.

Lo sabía, había escuchado su conversación.

—El Lord tiene el poder de elegir con quién estar…

—No con las noticias que llegaron en la madrugada —me tensé con incertidumbre.

Recuerdo que mi macho salió con prisas, parecía preocupado, aunque lo ocultó de mí.

—En este reino se mantenía el equilibrio con dos feudos conquistados por lobos y dos por vampiros, pero recibimos la noticia… el otro feudo de hombres lobos conquistó las tierras de uno de los feudos vampíricos.

Di un paso atrás comprendiendo la gravedad del asunto.

—¿Ya entiendes entonces lo que este jueguito tuyo va a provocar?

—Creo que esta hubiese sido la habitación ideal para ti.

— ¡Maldito hijo de puta…! —me giré llena de odio, pero ya se había marchado por el pasillo.

Mis pupilas carmesíes se quedaron mirando la entrada, calmando mi respiración errática y rabiosa.

Compararme con estas violadoras era el peor insulto que me habían hecho jamás.

No sé ni por qué conservaban esto, cada recuerdo aquí debía ser un puñal clavado en el corazón de Dracomir.

Espero que las haya asesinado a sangre fría y bien lento.

Entendía mejor toda la situación de este feudo y la decadencia de los vampiros.

Aunque me ponía de parte de Draco, también sentía que algunas cosas las estaba haciendo mal.

— Los niños no tienen culpa y quizás los vampiros plebeyos no eran malos —murmuré presionándome el puente nasal.

Pensando en Marius y su gente.

Ellos no eran malas personas… al menos lo que me mostraron.

Entonces una idea afloró en mi mente.

Ningún hombre lobo apoyaría a Dracomir en una guerra en contra del otro feudo de su raza.

Le exigirían que se deshiciera de mí para buscar la alianza matrimonial.

—Necesitas otro ejército, mi señor —subí la mirada fulgurando en espíritu de lucha.

—Yo crearé un ejército invencible para ti.

Salí de ese cuarto de los horrores llena de determinación.

Si ese vejete creyó que me iba a dar miedo y espantar con su historia trágica, estaba equivocado.

Él estaba tejiendo su plan en las sombras y debía descubrir sus ventajas, sus piezas… sus fichas.

Adelantarme a sus argucias.

Me interné en los jardines que daban al bosque, buscando un sitio oculto de ojos curiosos.

Necesitaba convocar a mi general no muerto.

Esperaba que Rousse hubiese encontrado algo útil del otro lado, porque la guerra tocaba a nuestras puertas.

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