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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 726

NARRADORA

Ahora todo tenía sentido en las memorias fragmentadas que Meridiana había robado de la joven maga.

Un conjuro en específico se repetía como un bucle en la mente de esa hechicera.

No quería olvidarlo, así que lo recitaba una y otra vez.

Meridiana lo aprendió de ella: la manera de extraer poco a poco la energía peligrosa de este cristal.

Era apenas un fragmento, robado por las hechiceras encarceladas.

Lograron pasárselo con mucho sacrificio a esta chica que servía de esclava a Celia.

Ella era su esperanza, porque tenía la oportunidad de escapar de la fortaleza y robar la magia del cristal para fortalecerse.

Buscar más clanes de brujas, planificar su rescate…

Obviamente, no pudo hacer nada de eso.

Incluso tuvo que deshacerse del cristal en la revisión de las puertas o casi la descubren.

—Es obvio que esto es muy importante… —Rousse también llegó a esa conclusión, sacando un pañuelo para envolverlo.

Se sentía incómodo, no quería tocarlo más.

—No podemos dejar que caiga en manos de algún lobo.

De repente, Marius dio un paso con cara de haber recordado algo muy desagradable, y así mismo fue.

—¿Por qué? —Rousse alzó una ceja.

Claramente, no le habían dicho ningún detalle a ese vampiro, menos la procedencia real de ese poder sacado de la fortaleza.

—Yo… lo escuché de alguien… este fue la magia negra que usaron los lobos para someternos y esclavizarnos.

Rousse lo miró profundamente.

Cada vez se convencía más de que la historia de ese tipo tenía huecos por todos lados.

—Bueno, ahora está en buenas manos. Vamos —echó a andar sin más.

Estaba ansioso por hablar a Victoria, tenían que ver la manera de infiltrarse en la fortaleza.

—Rousse, yo lo llevo, dame, sé que te duele —Meridiana le susurró al oído.

Su magia era tan oscura que un poco más de oscuridad no le hacía mella a su alma pura.

Rousse y ella conversaban en silencio sobre cómo usar esto a su favor.

Sin embargo, a su espalda, Marius hacía lo mismo.

Por supuesto que mintió, no les diría que él era uno de los vampiros esclavistas de la nobleza.

Tampoco les diría de dónde reconoció el sabor de esa magia increíble.

Sus ojos fulguraban como si fuese esa madrugada donde los hombres lobo los tomaron por sorpresa en sus camas.

Salieron de las cloacas donde el Lord los había tirado a morir por rebelarse.

Dracomir y sus bestias parecían vencidos; como siempre, los vampiros se sentían victoriosos.

Otra rebelión sofocada.

Sin embargo, nadie se explicó el hecho de que sobrevivieran.

Mucho menos la bestia colosal que se abrió paso entre los soldados, asesinando y masacrando todo a su paso.

Se internó en los pasillos haciendo un caos y fue directo a tomar la cabeza de la familia gobernante.

Esa transformación nunca antes vista fue de Dracomir.

Marius recordaba aún con el miedo grabado en sus huesos, cuando lo vio a lo lejos rugir a los cielos sobre la torre derrumbada.

La cabeza del Lord vampiro y el general Hagen arrancadas en sus garras ensangrentadas.

El poder aplastante se expandió como una ola con su aullido estremecedor, puro odio y rabia.

Ese resplandor en su pelaje bajo la luna, era la misma luz en las profundidades de ese cristal.

La sensación opresiva de que una bestia justiciera venía a por tu cabeza.

Si esa magia hizo que un esclavo moribundo evolucionara en un poderoso lobo, ¿podría también llevarlo a él a la cima de la evolución?

De repente, los ojos de Marius brillaron codiciosos en la espalda de Rousse.

Se arrepintió de no haber sido más astuto.

Ahora era tarde, no era rival para ese no muerto.

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