NARRADORA
Marius permaneció unos segundos con la cabeza abajo.
Batallando por ocultar el odio en sus ojos.
—Bueno… al menos pude fantasear con una mujer tan increíble como tú —levantó la cabeza suspirando.
La sonrisa en su boca no le llegaba a los ojos.
—Estamos contigo, Victoria. Odio a los lobos… pero confío en tu justicia. Voy a reunir a los vampiros bajo las cloacas.
Le dijo haciendo una pequeña reverencia y alejándose como un hombre al que le habían destrozado el corazón.
Se marcharían Edgar y él por su cuenta.
Rousse se acercó, saliendo de la protección de los árboles.
La lluvia había cesado y se escurría entre sus ropas oscuras.
—No confío en ese vampiro —dijo en voz baja mientras ayudaba a la Srta. Victoria a ponerse de pie.
Había sido una locura eso que hizo; si su fuerza no era suficiente, podía haber sido arrastrada al mundo de la muerte.
—Lo sé —le respondió con un destello astuto en la mirada—. Mantén un ojo en él, presiento que va a hacer alguna estupidez.
Victoria se levantó, pero llevó la mano a la cabeza con un poco de mareo.
La sangre en su cuerpo ardía como lava hirviendo, su magia selénica drenada.
—Ya puse a dormir a los no muertos. Si tu padre supiera la locura que acabas de hacer y justo frente a mis ojos, me iba a arrancar la cabeza —le dijo, resoplando mientras invocaba el portal subterráneo para llevarla de regreso al palacio.
—Menos mal que tu cabeza y no tus huevitos, mira que ahora sí los necesitas.
—Victoria… —la llamó con una advertencia implícita.
Cuanto omitía el "Srta." generalmente, era porque estaba en problemas.
Pero mientras la tierra se los tragaba, la vampira se rio un poco más de su general.
Rousse no podía ocultar el amor por Meridiana y Victoria estaba demasiado feliz por él.
Esa brujita también lo merecía.
Había demostrado ser más valiente y temeraria de lo que aparentaba.
— Jamás dudé de que me estarías protegiendo, mi General— le susurró, perdiéndose en las entrañas del bosque.
El páramo saqueado, al fin se quedó en silencio.
*****
Unas noches después, mientras “la sirvienta de Celia” le peinaba el cabello, le dio la noticia que estaba esperando.
—Ellas parecen que ya están convencidas de que soy de confianza —le susurró a Victoria, tomando con suavidad su cabellera castaña.
El cepillo pasaba lentamente entre las hebras.
—¿Qué te pidieron hacer? —los ojos rojizos la miraron a través del reflejo del espejo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...