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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 738

VICTORIA

—¡CELIA! —el rugido de su padre se escuchó, junto con el de su madre, que estaba segura los atrajo por este camino.

¿No querían ver como la atacaba? Pues concedido.

En lo que se demoraron en llegar al rellano, me aseguré de que el cuerpo moribundo de Celia cayera en el hall.

Antes de desangrarse, una sombra veloz flotó metiéndose dentro de ella y sosteniendo el último hilo de su vida.

—¡TÚ, MALDITA VAMPIRA! ¿¡QUÉ LE HICISTE A MI HIJA!?

La Sra. Aghata se me avanzó como una loca y mi mano tembló, dejando caer el puñal ensangrentado, la prueba de mi delito.

Di varios pasos atrás, con los ojos muy abiertos, asombrada de que ellos me hubiesen “pillado in fraganti”.

—¡No, yo no quise! ¡Ella me obligó! ¡Me atacó! ¡Dracomir, sálvame!

Le grité al Lord, que se había quedado como detenido en el rellano.

Sus ojos eran una mezcla de contradicciones.

Luchaba por mirarme, pero a la vez no podía despegar su vista del Sr. Fenir, corriendo escaleras abajo para salvar a su hija.

Las garras de la Sra. Aghata ya estaban sobre mi brazo, y tuve que aguantar un poco más, haciéndome la desvalida.

—¡Todos lo vimos, como apuñalaste a Celia! ¡Asesina, mataste a mi hija, asesina!

—¡SUÉLTALA! —Dracomir al fin intervino, quitándomela de encima mientras me zarandeaba con sus manos enredadas en mi cabello como una verdulera.

Apreté los dientes, anotando en mi libro todo lo que me cobraría luego.

—¿¡CÓMO PUEDES DEFENDERLA?! ¡JURASTE PROTEGERNOS! ¡NOSOTROS TE CRIAMOS CUANDO NADIE TE QUERÍA!

Le gritaba, recriminándole y llamando la atención que originalmente deseaba.

Los hombres de la comitiva, una mezcla de guerreros de Draco y del otro feudo, me miraban cada vez más hostiles.

Lo único que me salvaba de sus represalias era el cuerpo de Dracomir, interponiéndose entre ellos y yo.

—¡Esto debe tener una explicación, mi amante no haría algo así sin una razón de peso! —les gritó, pero su voz temblaba.

Su ancha espalda frente a mí no se sentía tan segura como siempre.

—¡Merece la muerte, AHORA MISMO! ¡Esta mujer te está llevando a la ruina y estás arrastrándonos contigo! —las voces la apoyaban.

Draco quiso defenderme más, pero fue detenido por unas palabras… no, más bien por una orden directa.

—Lord, venga enseguida a darle de su sangre a mi descendiente. Nada es más importante que salvar a Celia —la voz fría del Sr. Fenir se escuchó desde abajo.

Sostenía el cuerpo pálido de su hija y había controlado el sangrado.

Ahora le pedía la fortaleza de lycan a su marioneta. Comprendí que por eso lo había mantenido todo este tiempo.

Dracomir en sí era un arma peligrosa.

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