DRACOMIR
Escuchaba una voz rugiendo desde el interior de mi cabeza.
El pecho me dolía como si se me estuviese abriendo en dos pedazos.
Pero una tensión me llevaba del cuello hacia donde estaba mi padre adoptivo y su hija… mi familia… los que juré proteger.
Mientras me agachaba al lado de Celia, dándole de mi sangre, me preguntaba, ¿qué era eso importante que había dejado atrás?
Una silueta femenina se desdibujaba en mi mente, un olor que adoraba, que era mi hogar.
Quería resistir, pero dolía tanto… estaba confundido en la maraña de ideas.
Los labios fríos de Celia se movieron sobre mi muñeca, arrojada aún sobre el charco de sangre en las losas del hall.
Ni siquiera sé como sobrevivió a un ataque tan brutal.
Se veía tan pálida, tan… muerta.
Su corazón casi no se escuchaba latir.
Pero yo haría lo que fuese necesario por salvarla, porque una orden se había quedado impresa en mi voluntad:
Tenía que proteger a esta familia sobre todas las cosas. Ellos eran los verdaderos amos y mis benefactores.
—Pa… pá…
La voz débil de Celia me devolvió a su situación.
Mi cuello moría por torcerse y mirar escaleras arriba, pero no… esto era lo más importante.
—Hijita, diosa bendita, qué susto me diste —Frederick se abalanzó a sostenerla y la arrancó de mis brazos.
Su voz temblaba, preocupado. Celia movió los labios para murmurar en su oído.
Algo de que no había funcionado, que “ella” era un peligro…
¿Quién era un peligro?
—Acabemos con esto de una vez —la expresión de mi “padre” se volvió severa.
—Lord de la Fortaleza, entraremos en una guerra por una mujer que no tiene compasión, que acaba de agredir de manera mortal a mi hija Celia. ¡Mi hija!
Rugió y esas palabras calaban cada vez más profundo en mi cerebro.
El cuello parecía envuelto en llamas.
—Así que ahora mismo cumplirá con su deber para su gente y mi familia. Ven conmigo —me ordenó levantando a Celia en sus brazos.
Me quedé un segundo como clavado en el suelo al verlo avanzar hacia uno de los balcones laterales.
Mi mirada viajó escaleras arriba y estaba desierto.
Tenía la sensación de que algunas personas debían estar ahí… alguien…
Y pronto descubrí que esos guerreros y Ághata solo se habían movido a uno de los tantos patios de castigo, usado antiguamente por los vampiros.
Uno en particular que me traía recuerdos tétricos, donde esos sádicos hijos de puta violaron a mi madre.
Ahora los miraba desde las alturas, desde el palco del Lord.
Ahí se alzaba sobre los ladrillos negros “La Pira de los Condenados”.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...