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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 739

DRACOMIR

Escuchaba una voz rugiendo desde el interior de mi cabeza.

El pecho me dolía como si se me estuviese abriendo en dos pedazos.

Pero una tensión me llevaba del cuello hacia donde estaba mi padre adoptivo y su hija… mi familia… los que juré proteger.

Mientras me agachaba al lado de Celia, dándole de mi sangre, me preguntaba, ¿qué era eso importante que había dejado atrás?

Una silueta femenina se desdibujaba en mi mente, un olor que adoraba, que era mi hogar.

Quería resistir, pero dolía tanto… estaba confundido en la maraña de ideas.

Los labios fríos de Celia se movieron sobre mi muñeca, arrojada aún sobre el charco de sangre en las losas del hall.

Ni siquiera sé como sobrevivió a un ataque tan brutal.

Se veía tan pálida, tan… muerta.

Su corazón casi no se escuchaba latir.

Pero yo haría lo que fuese necesario por salvarla, porque una orden se había quedado impresa en mi voluntad:

Tenía que proteger a esta familia sobre todas las cosas. Ellos eran los verdaderos amos y mis benefactores.

—Pa… pá…

La voz débil de Celia me devolvió a su situación.

Mi cuello moría por torcerse y mirar escaleras arriba, pero no… esto era lo más importante.

—Hijita, diosa bendita, qué susto me diste —Frederick se abalanzó a sostenerla y la arrancó de mis brazos.

Su voz temblaba, preocupado. Celia movió los labios para murmurar en su oído.

Algo de que no había funcionado, que “ella” era un peligro…

¿Quién era un peligro?

—Acabemos con esto de una vez —la expresión de mi “padre” se volvió severa.

—Lord de la Fortaleza, entraremos en una guerra por una mujer que no tiene compasión, que acaba de agredir de manera mortal a mi hija Celia. ¡Mi hija!

Rugió y esas palabras calaban cada vez más profundo en mi cerebro.

El cuello parecía envuelto en llamas.

—Así que ahora mismo cumplirá con su deber para su gente y mi familia. Ven conmigo —me ordenó levantando a Celia en sus brazos.

Me quedé un segundo como clavado en el suelo al verlo avanzar hacia uno de los balcones laterales.

Mi mirada viajó escaleras arriba y estaba desierto.

Tenía la sensación de que algunas personas debían estar ahí… alguien…

Y pronto descubrí que esos guerreros y Ághata solo se habían movido a uno de los tantos patios de castigo, usado antiguamente por los vampiros.

Uno en particular que me traía recuerdos tétricos, donde esos sádicos hijos de puta violaron a mi madre.

Ahora los miraba desde las alturas, desde el palco del Lord.

Ahí se alzaba sobre los ladrillos negros “La Pira de los Condenados”.

Ese nombre se repetía con más fuerza por encima de las mentiras que me carcomían.

Cuando la mano de Aghata bajó hacia las virutas de heno seco, en medio de esa algarabía de odio, algo se rompió en mi interior.

Una voz que pudo más que las cadenas que me ataban.

—¡NO TE ATREVAS A HACERLE DAÑO A MI HEMBRA!

El rugido de la bestia llegó con mi transformación.

Me arrojé por el borde sin dudarlo, saltando varios metros hacia la plaza.

En el aire salía el tupido pelaje de mis poros y mi cuerpo se retorcía, modificándose en las alturas.

No cambié a lycan, sino a una forma perdida en mis instintos.

Un enorme lobo Alfa indomable, con caninos y garras afuera.

El grillete mágico se liberó de mi cuello. Destellos rojos de runas quebradas flotaron en el aire.

Antes de que el fuego alcanzara a mi amada, mi lobo saltó sobre la plataforma y arrancó de un mordisco el brazo a Aghata donde estaba la antorcha.

Dio un alarido de pánico, y sentí el líquido caliente salpicar el morro y las fauces rabiosas.

Hoy correría la sangre porque ¡podía recordarlo todo!

Ellos me quitaron mi voluntad, se aprovecharon de mi agradecimiento, de mis sentimientos de huérfano.

Frederick desbloqueó el collar de los vampiros para colocarme el suyo propio; usar mi poder lycan a su conveniencia y ser el verdadero Lord en las sombras.

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