ROUSSE
Mientras nuestros labios se entrelazan, apoyo un codo al lado de su cabeza para erguirme.
Abajo, mi otra mano ha ido a manosearme el pene, arriba y abajo, sintiendo todas las sensaciones que solo ella me puede dar.
La punta gruesa pinta entre los mojados labios vaginales y mis caderas tiemblan hacia delante, no puedo más…
—Meridiana, te amo, te voy a hacer mi mujer. Seré tu hombre y te cuidaré, para siempre… —mi boca confesó sobre la suya entreabierta en jadeos cortos.
Comencé a empujar lentamente, sintiendo la pequeña resistencia de esos pliegues apretados.
—Mnnn —gimió contra mi boca cuando la besé, acariciando sus caderas, poniendo sus piernas alrededor de mi cintura mientras me sumergía en el placer de la vida y la lujuria.
El grito ahogado de Meridiana y un líquido más suave mojándome el glande me dijeron que había atravesado su virginidad.
Ella me pertenecía, era mía por completo, me había elegido.
Empujé lento, con un ritmo suave, sensual, aferrándome a sus caderas.
Sacándola y metiendo con paciencia, ahogándome en las deliciosas sensaciones de esa funda estrecha.
—Sshhh —siseé, besando sus mejillas donde rodaban algunas lágrimas.
Me incliné sobre su oído para recitar todas mis promesas, mis votos de unión con ella mientras le hacía el amor y tocaba todo su cuerpo.
La penetré avanzando en cada estocada, sus fluidos eran el mejor lubricante para este bendito acto.
Gemimos cuando al fin mis testículos chocaron contra su trasero, sumergido hasta la empuñadura.
Mi polla vibraba de placer cada vez que salía casi completa y volvía a entrar en ella.
—Mmmm, joder, qué bien te sientes, mi amor… ah, bebé, qué apretada… ¿te duele?... ¿me detengo?
Jadeé tomando su trasero, hundiendo mis dedos en la tierna carne y levantándome de rodillas sobre ella.
—No, no… ah, ah, no pares, Rousse… ya no duele… ya no…
Claro que no le dolía, si hace mucho que sus gemidos bajos se habían elevado y su coño se abría como una flor, chupando toda mi polla.
Miré hacia abajo para ver los restos blancos y rojos salpicando mi larga longitud.
La magia de Meridiana explotaba de su cuerpo e invadía mis venas como un coctel de adrenalina y lascivia.
Mi propia polla recibía un excitante masaje y con energía oscura incluida.
Mis caderas aceleraron junto con el chirriar de la cama.
Maldita sea, qué cosquillas más ricas.
Subí la cabeza viendo al techo con los ojos entrecerrados; la luz de la luna se filtraba por los resquicios de la ventana, iluminando nuestras siluetas.
Los gritos de mi mujer se enloquecían cada vez más; acostado sobre su cuerpo joven, empujé enloquecido, llevándola al placer orgásmico.
Hundió las uñas en mi espalda y sus piernas se aferraron a mi cintura.
Ese coñito que ya no era virgen se estremeció, sacudiéndose en oleadas de éxtasis alrededor de mi miembro.
El gemido que dio en mi oído llamando mi nombre fue la mejor música que había escuchado.
Aceleré prolongando su liberación, empapándome en sus jugos que rodaban por mis bolas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...