NARRADORA
Cuando su suegro le dijo que lo acompañara al exterior, Dracomir lo siguió pensando que irían a pelear o algo por el estilo.
Victoria había llevado a su madre a descansar a una de las habitaciones principales.
Así que aquí estaba, parado sobre las murallas, mirando al amplio valle y el bosque más allá que delimitaba sus tierras.
¿A qué esperaban?
—¿Por qué todavía hay protecciones contra los vampiros si las brujas murieron?
Zarek le preguntó de repente acerca de la barrera que había atravesado al llegar y sorprenderlos…
Mejor ni recordarlo. Si se pudiese lavar los ojos con ácido, lo hubiese hecho ya.
—Meridiana activó las viejas runas que dejó su clan aquí en la fortaleza; no es tan poderosa como antes, tampoco afectaba a los vampiros en el interior —Dracomir le respondió mirando al bosque
— Pero sí nos avisa, al menos cuando un vampiro intenta acceder a la fortaleza… aunque veo que no sirvió de mucho —torció la boca.
Para él tampoco fue muy placentero que su suegro lo encontrara chupándole la concha a su hija.
Lo peor fue el bajón en la erección modo “berenjena” que ya se mandaba.
—No soy como los vampiros que habitan en tu reino y también poseo magia… en la familia nadie es normal.
Zarek le respondió con descuido, pero sus pupilas se estrecharon más en un punto del bosque.
Dracomir miró también en esa dirección. El viento batió en ráfagas, las hojas a lo lejos se movieron con violencia.
Algo se acercaba a gran velocidad.
Una nube negra comenzó a avanzar en el cielo; no parecía natural, venía cargada de voces malignas y sensaciones desagradables.
Relámpagos parecían danzar en su interior.
El Lord abrió mucho los ojos al ver aparecer gigantes bajo la luz de la luna.
Corrían saliendo de los árboles y haciendo retumbar el suelo.
Cuatro bestias feroces, cada una peor que la otra… no, una en particular era colosal.
Maldit4 sea, que prácticamente llegaba a la parte de arriba de la muralla de varios metros.
—Esos son algunos lycans de la familia; solo avanzaron ellos cuatro porque les dije que no había peligro —Zarek le aclaró.
¡O sea que había más de ellos!
—El más grande… es el dueño de la magia que te hizo evolucionar. El otro lycan de pelaje blanco fue quien lo congeló con su magia de hielo, por eso parece un cristal.
Cada noticia que escuchaba Dracomir era más increíble que la otra.
Con un rugido ensordecedor, Khalum subió el morro y aulló a los cielos despertando a la manada entera.
La fortaleza tembló desde los cimientos y el corazón del Lord comenzó a golpear con fuerza.
A sentir el llamado del lobo que estaba en la cima más elevada de la cadena alimenticia.
Esto… era el verdadero poder. Él, que se creía el único de esa especie salvaje.
¿Qué máscara de brujas ni qué nada?
Frederick se iba a cagar en los pantalones.
La enorme nube, donde formas raras se movían, los seguía de cerca, flotando sobre ellos como una sombra de muerte.
Para cuando Zarek y él, bajaron de las murallas y ordenó abrir las grandes rejas, ya no pasaron bestias, sino varios hombres fortachones y altos, llenos de músculos, cada uno más poderoso que el otro.
Los guerreros de guardia se miraban consternados, aun con miedo en sus corazones.
Cuando contaran esto a los demás pensarían que estaba alucinando o borrachos.
Por un instante pensaron que eran otro experimento del Sr. Fenir, uno mucho más peligroso que el anterior.
Pero Dracomir ordenó abrir las puertas y entraron esos machos, colocándose taparrabos de cuero sobre sus cuerpos desnudos.
—Bueno, y estos son… —Zarek iba a presentar a sus parientes, pero esta familia no era muy de seguir las reglas básicas.
—Tú tienes parte de mi energía también. Estuviste en contacto con mi corazón…
De repente, un pelinegro ceñudo y salvaje salió de atrás del Rey Lycan, señalando a Dracomir y pasándose el protocolo, por lo que le colgaba debajo del taparrabos.
Zarek dio un suspiro apretándose el puente nasal y el Rey Alfa Cedrick tuvo que apretar la boca para no comenzar a reír.
Este Drakkar era todo un personaje.
—Eee… sí… yo recibí esa bendición, no sabía que era tuya… Gracias por compartirla —Dracomir le dijo aún tenso, pero a la vez perdido por el intercambio tan… inusual.
Pero, a pesar de la atmósfera hasta de comedia, el aura de poder de cada uno de estos lycans era innegable.
Sobre todo, del que lo había señalado.
Ese hombre era, sin dudas, esa bestia enorme; sentía el llamado del poder en su interior.
—¿Tengo que devolverlo? —de repente se le ocurrió esa posibilidad.
Aidan y Cedrick también miraron hacia Drakkar con atención.
No habían pensado en eso.
Ellos también evolucionaron por la onda de bendiciones que explotó cuando Khalum recuperó aquella parte.
¿Lo perderían cuando se juntaran todas las piezas?
—No, los dioses te encontraron digno, yo no hice nada —Drakkar respondió subiendo los hombros.
Todos los implicados lo miraron, incluso Aldric.
Este hombre, a pesar de su rudeza y sinceridad sin filtros, se los había ganado así, con humildad.
Posiblemente fuese una deidad entre mortales y actuaba más sencillo que cualquiera de ellos.
Una deidad lobo preguntona que iba a por su próxima víctima. El Lord Dracomir que ahora lo miraba con ojos de admiración… e ignorancia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...