NARRADORA
—¡No, claro que no! —Laziel exclamó, saliéndose de la imagen imperturbable que siempre mostraba.
—. Sabía que podías controlarlo, mi amor, jamás estuviste en peligro, Lavinia…
—Claro, porque me pusiste la prueba, pero igual vigilabas a ver si metía la pata… ¿Confiabas o no confiabas en mí?… ¡Y no me toques!
Palmeó su mano cuando la estiró para acariciar su rostro.
Lavinia vio por primera vez una grieta en la perfección de su macho mientras él retiraba la mano lentamente.
Algo que no salió como él planificó.
—Lavi…
—Dime Lavinia porque ahora mismo me molesta bastante ese diminutivo —contraatacó sin piedad, observando cómo los músculos mandibulares de Laziel se contraían ante la presión.
Sus ojos mostraban tormentas que Lavinia nunca había descubierto hasta ahora.
—Lo hice para fortalecerte; a tu espectro le faltaba su motivación, le diste una razón para quedarse y obedecerte… Obedecerte de verdad sin resistir.
Laziel le explicó lentamente lo que Lavinia ya había descubierto.
Cuando encontró al espectro compañero de Electra, vio una oportunidad para equilibrar la balanza.
Electra era poderosa, pero inestable, peligrosa para Lavinia, llena de demasiada oscuridad.
Lavinia perdía mucha energía controlándola, demostrando quién mandaba, pero eso no se aguantaría para siempre.
Ahora, que su espectro había encontrado la mitad faltante de su alma, que podía espiar sus pecados, quizás cedía y se tomaba el contrato en serio.
—Todo eso está muy bien, Laziel, pero no me agradó este juego, la manera en que te gusta controlarlo todo… incluso mi vida… —Lavinia dio un paso atrás y dio media vuelta para alejarse.
De verdad se había molestado esta vez con sus decisiones unilaterales.
Sin embargo, no llegó muy lejos.
Su cuerpo entero tembló al ser retenido por unos fuertes brazos que la rodearon como cadenas.
Laziel se apretó contra ella sin dejar un centímetro libre de su espalda.
Piel con piel, el latido fuerte de su corazón retumbando contra ella y su respiración pesada soplando en su oído.
Lavinia se sorprendió un poco al sentir los pequeños espasmos de sus músculos.
La inquietud en el hombre que siempre había visto imperturbable aunque el mundo se estuviese cayendo a pedazos.
—Si algo te llega a suceder me muero contigo, Lavinia —susurró esa voz vibrante, que sonaba demasiado oscura
— Jamás supe lo que significaba el amor obsesivo de mi padre por mi madre, hasta que no te tuve en mis brazos y lo comprendí.
Un nudo se formó en la garganta de la hechicera.
—Lo lamento si fui demasiado lejos, si te empujé hacia un resultado; no quiero que pienses que lo hice por diversión, solo quería sacar lo mejor de ti —confesó, y ella supo que era la verdad.
Laziel parecía un ser tan frío e indiferente, pero ella había descubierto cuánto calor había debajo de esas capas congeladas.
—Que lograras imponerte a Electra por tu propio poder, que te lo creyeras, como todas esas veces que practicabas abrir portales, hasta caer desmayada.
Los ojos de Lavinia se pusieron como platos… ¿Cómo Laziel descubrió esos momentos vergonzosos que ni su madre conocía?
Siempre en su corazón vivía la inseguridad.
Creció en un reino lleno de restricciones, sin poder hablar con nadie de sus rarezas.
Cuando conoció luego a los seres sobrenaturales del otro reino, a las increíbles Selenias, en el fondo, siempre se había sentido como menos.
Lo peor fue cuando lo descubrió a él. Un ser que desde que nació fue único.
Laziel era increíble.
Él fue su motivación muchas veces para luchar por su propia magia.
—Gracias por acompañarme desde entonces… —Lavinia susurró, bajando la cabeza, sintiéndolo oler profundamente su cabello.
Ella era mucho más baja, su coronilla apenas le rozaba el mentón a Laziel.
Su cuerpo se encorvaba sobre su espalda.
Una mano apretó su cintura pegándola más a su amplio pecho y la otra, llena de garras negras, se trasladaba a su garganta de manera controladora.
Su mundo entero sumergido en el aura de Laziel.
—Solo yo puedo estar agradecido aquí, Lavinia —besó su sien con suavidad y amor.
— Tú eres mi luz, lo único que puede estabilizar mi mente y mi violencia. Lo único que calma las voces y controla a los monstruos en mi interior…
La humedad se acumuló en la esquina de los ojos de Lavinia.
Afuera se caía el mundo, pero nada de eso tenía que ver con ellos.
—Nunca te puse en riesgo, yo creo en ti, sé de lo que eres capaz; solo deseaba que confiaras una vez más, estabas dudando…
Y Lavinia admitía en su interior que era cierto.
Se estaba cuestionando si había sido buena idea aliarse a un espectro tan fuerte.
Las viejas inseguridades a veces la hacían retroceder y Electra se estaba dando cuenta de que podía avanzar sobre su voluntad.
El alma de Lavinia resonó y vibró por la energía invasiva que se metía por cada poro. El llamado del alma de Laziel.
Sus magias se entrelazaban y no se sabía dónde empezaba una y terminaba la otra.
Dos mitades de un todo. Pero Lavinia, esta vez, decidió tomar ventajas de su adorado acechador.
—¿Desde cuándo tenía controlada la situación? —bajó la cabeza mirándose los botines; el destello de algo raro pasó por sus pupilas.
—Desde… —la voz de Laziel dudó si lanzarse como un suicida— … Desde el inicio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...