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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 767

NARRADORA

Lavinia chasqueó la lengua como si estuviese aún enojada, sintiéndolo tensarse de nuevo en su espalda.

Le estaba dando una morbosa curiosidad, al verlo tan obediente y suavecito.

—Entiendo tus razones y hasta suenas dulce con todas esas historias del pasado… —la voz femenina sonaba indiferente.

— Pero eso no quita el hecho de que me hayas movido como un peón, planificando incluso antes de llegar aquí.

—Lavi…

—Lavinia. Aún no sé si te perdono. —Laziel pegó los labios con fuerza al escucharla, un poco arrepentido de sus decisiones.

Lavinia nunca había estado tan enojada con él, no de verdad.

Miró intensamente a las ondas suaves de color castaño, su olor era embriagante, dulce, delicioso.

Pero odiaba que ella quisiera alejarse de él. La necesitaba como respirar.

—Lo lamento, no fue mi intención… —repitió.

Podía contar con los dedos las veces que había pedido disculpas en su vida.

Sus manos se apretaron aún más cuando ella intentó separarse.

Se aferró a su cintura y la rodeó sin dejarle espacio.

¿De verdad llevó esto demasiado lejos?

Creyó… que a ella le gustaría la sorpresa… sus locuras…

—Suéltame ya, Laziel, estamos en medio de una guerra, necesito pensar… —Lavinia seguía forcejeando y un pánico, como nunca antes, se filtró por el alma del macho.

Los ojos dorados empezaron a cubrirse por una capa medianoche.

—¿Pensar en qué…? No, no me vas a dejar… ¡Puedo devolver a los espectros si ya no los quieres!

La hizo girarse entre sus brazos, pero su cintura seguía controlada por él y la mano subió a su barbilla haciéndola mirarlo.

Lavinia se sorprendió al ver los ojos casi en negro y el rostro desencajado de Laziel.

Ahora se iba pareciendo más a su padre cuando perdía el control.

—No creí que te molestaría tanto, solo pensé que era un juego entre nosotros, como los que hacemos en la cama…

—Laziel, de verdad, tuve miedo de morir…

—¡Nunca! —le rugió una voz profunda, vibrante, extraña, que hizo temblar las paredes

—. Jamás te dejaría morir. Debiste saberlo, Lavinia. Desde el primer momento que te amenazaron y no aparecí… debiste entender que jugaba contigo, que yo nunca te pondría en un peligro real.

Lavinia se estremeció y su corazón latía sin control.

Quería castigarlo un poquito más; ya que le gustaban tanto los jueguitos, darle de su propia medicina.

Pero las cosas se salían de control. Alejarla de Laziel era invocar a los monstruos en su interior.

—Dime qué tengo que hacer para que estemos bien, dime… haré lo que me pidas, Lavinia, dime…

La presionaba, empujándola hacia la pared, sin separarse de ella, su boca susurrando sobre la suya, acechándola.

La bruma espectral salía del cuerpo fuerte de él y la atrapaba como manos que no la dejarían ir.

El cuarto entero se iba oscureciendo con sombras danzando, las paredes deformándose en un vórtice de locura.

Las losas traqueteaban y los cimientos de este sitio estaban vibrando.

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