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Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí. romance Capítulo 363

Capítulo 363

CAPÍTULO 277

- Que estemos los tres aquí, encerrados y atados en un sótano lúgubre... tiene hasta una especie de romanticismo trágico, ¿no creen? -comentó Benicio de la Vega, rompiendo la quietud con su habitual tono sarcástico - Parece el inicio de una película de gångsters de los años veinte. Solo nos falta el jazz de fondo y un poco de humo de cigarro.

Sofía, atada al pilar contiguo, soltó un bufido de exasperación y dejó caer la cabeza hacia atrás contra el metal frío.

- Por favor, Benicio, cállate -le espetó ella, con la voz cargada de frustración- Me pones muy nerviosa. Esto no es un comercial ni una película. Es la vida real. Y la realidad es que estamos secuestrados por un psicópata que nos puede matar en cualquier momento si no consigue lo que quiere.

Benicio soltó una risa seca y forzada.

Samanta, atada en el pilar frente a ellos, encogió las piernas contra el pecho tanto como sus ataduras se lo permitían.

- Lo siento tanto... -susurró Samanta, y las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron a rodar por sus mejillas pálidasSamanta se sentía muy culpable y responsable -

Fui una estúpida. Si no hubiera caído en su trampa, si no le hubiera creído a Héctor cuando me dijo que Sofía estaba aquí...nada de esto habría pasado. Los arrastré a ustedes a mi infierno personal.

Sofía, a pesar de su propio miedo, no dudó en intervenir con la firmeza que la caracterizaba.

- Samanta, escúchame bien. No es tu culpa -dijo Sofía, buscando la mirada de la bailarina en la penumbra- No te atrevas aecharte la culpa.

Héctor es un manipulador experto. Jugó con tu preocupación por mí, igual que jugó con mi preocupación por Mateo en el club. Él armó este tabiero.

Sofía tragó saliva, sintiendo el escozor de la traición de Esteban, el chico torpe del que empezaba a enamorarse.

- Y lo peor de todo -continuó Sofía con un tono amargo- es que la familia seguramente está pensando que es el antiguo prometido de mi mamá, ese tal Fernando Castillo, el que está detrás de todo esto.1

Benicio frunció el ceño en la oscuridad, moviendo la cabeza para intentar ver mejor a su prima.

- ¿El tipo que robó a mi padre hace veinte años?-

Benicio soltó un silbido bajo- Vaya. Tienen razón, la familia debe estar buscando en el lugar equivocado.

- Pero hay algo que no entiendo de toda esta ecuación, Benicio - preguntó Sofía -¿Qué cosa?

- Cómo fue que terminaste aquí con nosotraspreguntó Sofía, devolviéndole la duda-. Entiendo por qué estoy yo: Hector me engañó diciendo que veníamos a buscar a Samanta a este galpón abandonado. Entiendo por qué está Samanta:

Héctor la chantajeó. Pero, ¿y tú?

Benicio hizo una mueca de dolor al mover el cuello, recordando la contusión que le palpitaba en la nuca.

Samanta, al escuchar la desesperanza en la voz del chico que habitualmente bromeaba, sintió que la culpa volvía a estrangularla.

- Mateo no se rendirá -dijo Samanta con convicción, aferrándose al único salvavidas emocional que le quedaba-. Me lo demostró en el hotel de la playa y en el callejón del club. Él vendrá.

Sofía asintió, agradecida por la fe inquebrantable de la bailarina en su familia.

- Tienes razón. Ellos nos van a encontrar.

Sofía intentó moverse de nuevo, probando la resistencia de la cuerda alrededor de sus muñecas, buscando alguna fricción contra el metal del pilar que pudiera aflojar el nudo.

- Benicio, ¿tienes algo afilado en los bolsillos?

¿Una navaja, las llaves del coche?

- Solo un paquete de chicles de menta -respondió él-

Antes de que Sofía pudiera lanzarle un insulto frustrado por su inutilidad práctica, el sonido metálico de la cerradura pesada de la puerta del sótano girando los paralizó.

- Cállense -se escuchó desde el otro lado de la puerta- Ya estoy harto de escuchar sus charlas de niños ricos. Guarden saliva, la van a necesitar.

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